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sábado, 9 de enero de 2010

Son esperanza, son futuro.

Son esperanza, son futuro.





Que cualquiera de mis hijos termine siendo un ecologista activo no sería nada extraño, los niños actúan por imitación y desde siempre han venido observando mi conducta y han participado conmigo tanto en el reciclaje diario de casa como en las actividades fuera como ocurrió en la hora del planeta. Juntos elaboramos los carteles y juntos nos dedicamos a ir pegándolos por el barrio, por las tiendas de la zona, más las cartulinas que elaboraron tanto para el colegio, el pequeño, como el instituto los dos mayores. Acostumbramos a ver juntos documentales y debatimos a menudo sobre los problemas ecológicos actuales, así como de las necesidades del tercer mundo y del desequilibrio entre el mundo desarrollado y los más pobres.


Ignoro si el padre de Severn Suzuki, la extraordinaria niña que silencio al mundo con su discurso en la ONU es un ecologista y la actitud y la motivación de su hija procede del tipo de educación que ha recibido, supongo que influye aunque en ocasiones ocurren excepciones como la que me ocurrió cuando colocaba uno de los carteles de la hora del planeta el 28 M en uno de los tablones de mi trabajo.
Estaba informando sobre las ventajas de apagar la luz durante una hora cuando una compañera que escuchaba me dijo que por ella y su marido no me preocupara, no tenían más remedio que apagar la luz.
Me extraño ese sin remedio y pregunté a que se debía. Contó que su hijo de once años desde hacia más de un año se había vuelto ecologista a ultranza, con tanto empeño que él dispuso los cubos para separar la basura, se encargaba cada día de bajarla sin decirle nada, iba apagando luces por la casa y siempre terminaba regañándoles tanto a su marido, a ella y a la hermana más pequeña cada vez que salían de una habitación y dejaban la luz encendida. Si apagaban el televisor sólo con el mando. La reñía si volvía del supermercado con bolsas de plástico porque había olvidado las reciclables y por supuesto el año anterior hubo que apagar todas las luces para secundar la hora del planeta.
              - No sé de donde ha sacado esa motivación – añadió mi compañera – nosotros no éramos ecologistas ni nadie de la familia, lo reconozco. Me he informado con la tutora de su colegio y dije que siempre que sale un tema de este tipo es voluntario para explicar a sus compañeros la necesidad de tener más conciencia. Los demás niños del colegio son normalitos y no suelen tener estas iniciativas según me han contado las demás madres.
En ese momento me vino a la mente una frase de Albert Einstein y esa fue mi respuesta
“ Dios nos hizo perfectos y no escoge a los
capacitados sino que capacita a los escogidos;
hacer o no hacer sólo depende de nuestra
voluntad y perseverancia”

Es estupendo que existan niños extraordinarios que sin una educación dirigida a un cambio de actitud en la manera de tratar el medio ambiente tengan por sí solos esas iniciativas pero sería conveniente para aumentar su número y que realmente sean relevo efectivo de una nueva forma de vida un mayor compromiso de los padres. Es sorprendente y maravilloso el entusiasmo con que los críos acogen cualquier idea ya sea destinada al medio ambiente como a la recolecta de fondos para paliar el hambre, es un camino llano, fácil y despejado que requiere un mínimo esfuerzo pero que garantiza un buen fondo de esperanza y de futuro.

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